Libérame, pues provocas el copalso en este mar de incertidumbre por el que comenzaste a guiarme entre fotografías en blanco y negro.
En esta lucha de gladiadores entre quererte o quererme, convoco a mis monstruos para que acudan a la cita, aterrorizándome en esta fría noche de enero donde mi mente roza el delirio.
domingo, 20 de noviembre de 2016
Esa canción perfecta en el momento perfecto
Esa canción que lleva mi nombre,
explícita o implícitamente.
Esa otra que me transporta a aquel viaje en autobús,
como la que huele a veranos tumbada en la arena por la noche
o las primeras notas de la balada más triste del mundo
en ese momento en el que me desarmaba por dentro.
Como Bon Iver en invierno
o Carlos Sadness en verano.
Como Bon Iver en invierno
o Carlos Sadness en verano.
Dime, ¿vas a ser esa canción perfecta en el momento perfecto?
martes, 15 de noviembre de 2016
Jeroglíficos
Hoy, de nuevo, te refresco en busca de ciento cuarenta caracteres en los que me codifiques en forma de mensaje oculto. Descifro cada uno de tus jeroglíficos meticulosamente. Tal vez hoy sea el día. Con suerte, tal vez hoy.
Deseo
Excitarse en el trayecto de autobús mientras lees a Defreds,
durante unos entremeses de Cervantes,
viéndote cómo me robas sorbos de mi café
o cuando me miras pensando que yo no me doy cuenta.
Reincidentes
Has vuelto a reincidir en mi vida. Culpa mía, como todas las anteriores. O tal vez culpa tuya, por dejarme que te encuentre. Volvemos al mismo tira y afloja de siempre, a decírnoslo todo y aún así quedarnos con las ganas. Queriendo comernos a besos, y lo único que hacemos es dejarnos con la sed. Teniendonos sin tenernos.
sábado, 3 de septiembre de 2016
Manifiesto a un cabrón
Finalmente la burbuja en la que he vivido desde hace meses se ha roto. Ahora lo veo todo desde otra perspectiva, sin nadie jugando conmigo; ahora el aire es menos denso y no me ahogo. Quizá este sea el final de una gran farsa y el principio de la reconstrucción.
A ti, a quien dediqué tantas palabras sinceras, a quien me hizo sentir la enormidad, a quien marcó un antes y un después en mis días. Jugaste con la eterna confianza y libertad que deposité en ti. Las aplastaste y las retorciste como si de tus jodidas marionetas se tratasen. No puedo distinguir la verdad de lo que fue mentira, ni la mentira de lo que fue verdad; pero tampoco quiero.
Se acabó todo. Se acabó el arriesgarlo todo por ti; se acabaron las noches sin dormir, mi cuerpo pensando en el tuyo. Adiós a esos días en los que aún quería volver a sentir el roce de tus labios, incluso cuando ya todo había acabado. No vuelvas más: no te lo he pedido.
Me doy cuenta de todo aquello que había enterrado en mi interior por miedo a que esa fuese la realidad. Y ahora ya lo sé: la realidad es que fui tan tonta por querer ser feliz, entregándome a una felicidad efímera, que me cegué al mundo que me rodeaba.
En este manifiesto me doy las gracias. Sí, a mí, no a ti. Por ser capaz de eliminar de mi vida a las personas tóxicas; por no abandonar mi propio camino hacia mi objetivo de libertad; por saber aprender de todos y cada uno de mis errores. Este ha sido uno, una pena que no hayas conseguido aplastarme, no supiste con quien te topabas: nada más y nada menos que con la persona más fuerte de pie sobre la faz de la tierra.
Espero que todas esas otras supieran bien, cabrón.
A ti, a quien dediqué tantas palabras sinceras, a quien me hizo sentir la enormidad, a quien marcó un antes y un después en mis días. Jugaste con la eterna confianza y libertad que deposité en ti. Las aplastaste y las retorciste como si de tus jodidas marionetas se tratasen. No puedo distinguir la verdad de lo que fue mentira, ni la mentira de lo que fue verdad; pero tampoco quiero.
Se acabó todo. Se acabó el arriesgarlo todo por ti; se acabaron las noches sin dormir, mi cuerpo pensando en el tuyo. Adiós a esos días en los que aún quería volver a sentir el roce de tus labios, incluso cuando ya todo había acabado. No vuelvas más: no te lo he pedido.
Me doy cuenta de todo aquello que había enterrado en mi interior por miedo a que esa fuese la realidad. Y ahora ya lo sé: la realidad es que fui tan tonta por querer ser feliz, entregándome a una felicidad efímera, que me cegué al mundo que me rodeaba.
En este manifiesto me doy las gracias. Sí, a mí, no a ti. Por ser capaz de eliminar de mi vida a las personas tóxicas; por no abandonar mi propio camino hacia mi objetivo de libertad; por saber aprender de todos y cada uno de mis errores. Este ha sido uno, una pena que no hayas conseguido aplastarme, no supiste con quien te topabas: nada más y nada menos que con la persona más fuerte de pie sobre la faz de la tierra.
Espero que todas esas otras supieran bien, cabrón.
domingo, 17 de julio de 2016
Cigarillos
"Simplemente no podemos vivir por nada, siempre hay algo que te proporciona esas fuerzas que necesitas para lograr tus objetivos", declaró él.
"No lo entiendes, yo no tengo objetivos, no tengo nada por lo que vivir, así que vivo por nada", sentenció ella.
Aquella era un conversación entre dos desconocidos. Ella, cargaba demasiado en sus espaldas. Él, demasiado poco. Sólo hacía unas horas desde que se habían conocido; sólo quedaban ellos entre los reunidos. Ellos y los restos de vodka en sus alientos. Restos de una reunión de conocidos desconocidos.
Ambos quedaron callados, tumbados sobre el césped de aquel parque desierto. De una mano a otra circulaba un cigarrillo que compartían a medias.
"Y tú qué, ¿fumas?", le había preguntado él mientras sacaba una cajetilla de cigarillos. De los baratos, claro. Los lujos eran para otra clase de personas. Adultos con trabajo, por ejemplo.
"Sí bueno, alguna vez que otra, ya sabes, cuando alguien te ofrece nunca lo puedes rechazar", mintió ella. La más absoluta verdad era que ella nunca había fumado. Jamás en la vida. Verdaderamente, las personas de su entorno sí lo hacían, pero ella había rehusado de caer en lo mismo que ellos. No era consciente de por qué había soltado aquellas palabras por su boca, simplemente salieron, pero ahora que lo había hecho no había vuelta atrás.
Compartieron un cigarillo. Y un silencio. Y otro trago de vodka. Y luego sus visiones de la vida. Y él sus sueños, y ella sus pesadillas. Y se dieron cuenta de que eran la luna y el sol, pero que sus engranajes encajaban entre sí. Y primero pequeños roces. Y luego se hundieron uno en la piel del otro. Y sus labios entumecidos. Y su excitación posaba para los mejores pintores franceses. Y fueron la luz más fogosa en el gélido cosmos.
Finalmente él se marchó. Pero ella nunca lo hizo. Ella nunca terminó de abandonar aquel parque inhóspito en el que ahora residían sus monstruos.
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